Morena: la fractura que viene

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Por Rita Balderas[1]

Las dinámicas de poder que se tejen al interior de un partido político, especialmente los liderazgos (donde el individuo está por encima de la organización) revelan, la ausencia de democracia interna y con ello las debilidades de la organización, esto se convierte en fisuras a través de las cuales pueden colarse el desgaste y la derrota electoral.

En una revisión muy general de la literatura, es posible identificar que la democracia interna de un partido político se ha asociado a una serie de variables o indicadores tales como: los mecanismos de selección de candidatos; la protección de los derechos de los afiliados; la participación de los militantes en la formulación de la voluntad partidista y la distribución del poder dentro de la organización.

De acuerdo con Flavia Freidenberg (2005), un partido gozará de democracia interna cuando sus líderes y candidatos sean elegidos por los miembros a través de mecanismos competitivos; las decisiones sean inclusivas y se tomen con la participación voluntaria de sus integrantes; los órganos de gobierno no discriminen la integración de los diferentes grupos (incluso aquellos minoritarios) y se respete una serie de derechos y responsabilidades que garanticen la igualdad de los miembros en cualquier proceso de toma de decisiones, protegiendo incluso a aquellos que opinan y se manifiestan de manera distinta a la coalición dominante.

Valdría la pena regalarle un par de libros sobre estas temáticas a la dirigente nacional de Morena Yeidckol Polevnsky pues parece no tener claro el impacto de la guerra que ha emprendido desde hace casi un año con grupos que, desde las entrañas del partido, han cuestionado sus decisiones. A la morenista le ha faltado olfato político y ha preferido tomar la vía de la ofensiva para arrinconar a quienes no piensan como ella. El ejemplo más claro es Alejandro Rojas Díaz Durán a quien le suspendieron sus derechos de militante por 3 años y lo inhabilitaron para ser candidato a algún cargo de elección popular “por denostar y calumniar al partido, su dirigencia y órganos”.

A Rojas Díaz Durán se le acusa, concretamente, de hacerle mala propaganda al partido. Definitivamente el grupo cercano a Polevnsky no entiende, ni cercanamente, lo que significa reprimir las voces disidentes, pero el enfrentamiento entre Alejandro Rojas y Yeidckol Polevnsky no es más que la síntesis de una guerra entre la dirigente y el zacatecano Ricardo Monreal Ávila, pleito que podría ser el origen de la fractura que parece aproximarse a la misma velocidad que la elección de dirigente nacional del partido a celebrarse entre octubre y noviembre de este año. ¿Quiénes se enfrentarán en esta batalla?

Por un lado está el grupo del presidente AMLO encabezado por Bertha Luján quien actualmente se desempeña como Presidenta del Consejo Nacional de Morena, por extraño que resulte, una de las mujeres más cercanas al presidente no forma parte de su gabinete, probablemente para no ser acusada de nepotismo pues sus hijas y su esposo colaboran en el actual gobierno. ¿O será que el político tabasqueño previó que Yeidckol Polevnsky no podría con el paquete y que necesitaría a alguien de su entera confianza para dirigir su partido?

A favor de Bertha Luján ya operan algunos integrantes del gabinete como Luisa María Alcalde, una de sus hijas. También, Irma Eréndira Sandoval, actual Secretaría de la Función Pública, Gabriel García, coordinador de los súper delegados y figura clave en la operación de recursos públicos. De la misma forma van con Bertha, Claudia Sheinbaum, actual jefa de gobierno de la Ciudad de México y José Ramón López Beltrán, hijo mayor del presidente AMLO y quien conoce a detalle el funcionamiento de las estructuras territoriales en el Estado de México.

Del otro lado del cuadrilátero está Mario Delgado Carrillo, actual diputado federal por Morena y empleado de toda la vida de Marcelo Ebrard Casaubón, quien hasta hace unos meses era Secretario de Relaciones Exteriores “de adorno”, pero que logró tomar un papel significativo en las negociaciones con el país vecino dirigido por Donald Trump, y en otros países de Centro América como El Salvador, Guatemala y Honduras en los que México invierte cantidades millonarias en dólares para implementar programas sociales cuyo fin es frenar la migración. El juego político que ha ganado Marcelo Ebrard en este último periodo se lo debe al experimentado Ricardo Monreal Ávila, con quien parece haber tejido una alianza a cambio de arrebatarle a Yeidckol el partido.

Monreal Ávila es de los pocos hombres que le hablan al oído al presidente AMLO, y se ha ganado algunos privilegios gracias al trabajo que ha hecho en el legislativo negociando la aprobación de cada una de las propuestas que ha enviado el Ejecutivo; públicamente ha apoyado la postulación de Mario Delgado para la dirigencia nacional de Morena. Esto explica por qué Yeidckol Polevnsky se le fue a la yugular al diputado federal hace unos días acusándolo de utilizar recursos públicos para promover su imagen, y aunque él se empeña en señalar que no hay grilla al interior del partido, es evidente que la batalla entre Ricardo Monreal y Yeidckol está marcando un surco desde el cual podría venir una fractura.

La última de los contendientes por la dirigencia nacional de Morena es la propia Yeidckol Polevnsky, sí, aunque parezca insólito. El argumento de la morenista es que no se trata de una “reelección” porque en este momento es la Secretaria General del partido, y ahora buscaría la dirigencia nacional. Lo cierto es que tiene pocas posibilidades de mantenerse al frente de Morena. Las cosas no le han salido nada bien, basta con ver lo sucedido a Martí Batres, a través de quien intentó restarle poder a Ricardo Monreal en el Senado. Batres no sólo no logró reelegirse como presidente de la Mesa Directiva del Senado, sino que luego de hacer todo un escándalo mediático y de que la autoridad ordenara reponer el proceso de selección del presidente de la mesa directiva, se descartó para postularse nuevamente, quizá porque el presidente AMLO soltó un manotazo e indirectamente lo llamó oportunista y trepador.

Luego de este enfrentamiento, López Obrador señaló que si el partido se descomponía, él se iría. Enseguida Yeidckol Polevnsky dijo: “Si AMLO se va de Morena, me voy atrás de él”. Evidentemente la dirigente no entendió la indirecta, ni el mensaje. No entiende nada. Tan es así que durante meses ha presumido los triunfos electorales de Morena, cuando en realidad el partido no obtuvo victorias contundentes a nivel subnacional (local), que es donde puede observarse con claridad la fuerza de un partido político.

De acuerdo con los cómputos distritales de las elecciones de 2019 en 5 estados del país, exceptuando Baja California por ser una elección que concluyó en un proceso suigeneris, en total, Morena captó un total de 1 millón 161 mil 571 votos, mientras que los partidos opositores lograron 2 millones 244 mil 849 votos. Una diferencia sustantiva de 1 millón 83 mil 278 sufragios (tabla 1). ¿Qué indican estos datos? Inicialmente que Morena no es invencible y que si la oposición logra coordinarse en una coalición bajo la consigna de “juntos pero no revueltos” es posible tener elecciones más competitivas. Pero estos números también indican que la Morena que dirige Yeidckol no ha tenido la contundencia electoral para consolidar lo ganado en las elecciones de 2018.

Tabla 1

Cómputos distritales

Elecciones 2019

ENTIDAD MORENA OPOSICIÓN
PUEBLA (Gobernador) 687,341 791,518
QUINTANA ROO (Diputados) 71864 141898
TAMAULIPAS (Diputados) 244090 590866
DURANGO (Ayuntamientos) 105332 570546
AGUASCALIENTES (Ayuntamientos) 52944 150021
TOTAL 1,161,571 2,244,849

Elaboración propia con datos del Instituto Nacional Electoral. Disponible en: <https://www.ine.mx/voto-y-elecciones/elecciones-2019/>

En este contexto, es claro que a Morena le conviene un cambio en la dirigencia, que logre detonar la disciplina partidista y desde luego, hacer política no por la vía de la ofensiva sino del diálogo y las alianzas, elementos que Ricardo Monreal ha usado con gran astucia. A Morena le hace falta un líder que lo lleve a la victoria electoral y no al desgaste y el encono. Lo que está en juego no es menor, viene el proceso electoral de 2021, que bien puede ser un simulacro de lo que será la batalla de 2024.

Yeidckol Polevnsky equivocó la estrategia para enfrentar al experimentado Ricardo Monreal. El actual senador es un hombre acostumbrado a la negociación y le ha dado muestra al presidente AMLO de que su nivel de disciplina está siempre por encima de sus intereses personales, basta recordar lo que sucedió con la candidatura para la jefatura de gobierno de la Ciudad de México, proceso en el que perdió mediante un método muy cuestionado. Lejos de irse, Monreal y los suyos se reagruparon y hoy su influencia política es mucho mayor que la de cualquier gobernador. A Ricardo Monreal no se le enfrenta como lo ha hecho Yeidckol sino haciendo política, algo que quizá la morenista tampoco entiende.

En estos días hay que observar con ojos sociológicos de qué forma y hasta dónde interviene el presidente AMLO en la elección de dirigente que está por arrancar, para saber hacia dónde se inclinará la balanza.

En este escenario hay que recordarle a todos los involucrados en este proceso que, Andrés Manuel López Obrador podría aplicar la vieja consigna priista retomada por el emblema del sindicalismo mexicano, Fidel Velázquez: el que se mueve no sale en la foto.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

[1] Doctora en Ciencias Sociales y Humanidades por la UAM Cuajimalpa

 

 

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