¿De qué lado juega Marko Cortés?

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Por Rita Balderas[1]

El pasado 26 de junio, Héctor Aguilar Camín hizo un recuento en Milenio sobre la diferencia de votos que obtuvieron el PAN y Morena en las elecciones del 2 de junio de este año. La distancia entre ambas fuerzas políticas fue de tan sólo 200 mil votos, y desde luego, Morena le arrebató al PAN las gubernaturas de Puebla y Baja California, ambos territorios, históricos para el albiazul.

A pesar de que el PAN es el único que puede hacer contrapeso a Morena, la realidad política señala que este partido está extraviado y sin rumbo claro. Su líder nacional, el anayista, Marko Cortés Mendoza, no tiene una estrategia de oposición y lejos de buscarla, prefiere recurrir a trivialidades como solicitar que la titular de la Secretaría de Gobernación, Olga Sánchez Cordero se someta a la prueba del polígrafo con el fin de esclarecer que fue el presidente Andrés Manuel López Obrador quien impulsó la llamada “Ley Bonilla” en Baja California, como si no supiéramos de la participación  de 7 diputados del PAN de aquel estado en la validación del instrumento que permite a Jaime Bonilla Valdez quedarse en el poder estatal cinco años y no dos.

Los diputados Mónica Hernández Álvarez, Carlos Alberto Torres Torres, María Trinidad Vaca Chacón, Raúl Castañeda Pomposo, Ignacio García Dworak y José Félix Arango Pérez abandonaron el PAN por cuenta propia y no por un proceso de expulsión institucional. Pero, la alianza entre Morena y muchos políticos del PAN no es de ahora, se ha tejido desde años atrás. Bajo el lema de que “todos caben en Morena”, en noviembre de 2017, AMLO invitó a los militantes del PAN a sumarse a su partido. La desbandada comenzó casi en seguida en Jalisco, Ciudad de México, Nuevo León, Morelos, Guanajuato y Puebla, entre otros estados.

La salida de Margarita Zavala Gómez del Campo del PAN en octubre de 2017, si bien no fracturó al partido, sí lo debilitó; aunado a que meses más tarde, Ricardo Anaya fue brutalmente embestido en la prensa por temas de lavado de dinero y enriquecimiento inexplicable. El objetivo fue alcanzado con éxito y el panista llegó sumamente disminuido a la elección presidencial de 2018. Sin embargo, los blanquiazules que huían de Anaya y de sus escándalos, no se fueron al PRI con José Antonio Meade Kuribreña, ni con Margarita Zavala a su candidatura independiente, sino a Morena con López Obrador.

Una vez electo como presidente, AMLO recicló a una serie de ex panistas que lo habían venido apoyando desde distintas trincheras, como muestra, Alfonso Durazo, ex vocero de Vicente Fox y quien hoy funge como Secretario de Seguridad y Protección Ciudadana; Tatiana Clouthier, actual diputada federal por Morena, ex diputada del PAN e hija de uno de los hombres más emblemáticos de Acción Nacional: Manuel Clouthier. El mismo caso es el de Gabriela Cuevas, ex Senadora del PAN y ex delegada de Miguel Hidalgo por el mismo partido, quien hoy ocupa un curul en la Cámara Baja con el logotipo de Morena y para cerrar con estos ejemplos, está Germán Martínez Cázares, nada menos que un ex dirigente nacional del PAN que, entre diciembre de 2018 y mayo de 2019, fue director general del IMSS, como parte del gabinete obradorista.

Sus propios correligionarios aseguran que Marko Cortés es mezquino e irrelevante como dirigente, la pregunta es entonces ¿cómo le hace el PAN para quedar a sólo 200 mil votos de Morena? ¿Será que en realidad no ganó Morena sino que perdió el PAN?

A diferencia de otros partidos como el PRI y el PRD, la estructura electoral territorial del PAN ha logrado penetrar en todo el país y trabaja de manera permanente para captar nuevas simpatías. Es sin duda, el partido con menos volatilidad electoral, en buena medida, porque es una organización que antepone a la afiliación de las masas, el mantener sus principios doctrinarios. Es decir, obtiene el número de votos que necesita para mantener el registro a nivel nacional y el dominio en ciertos territorios donde se asientan empresarios, familias de abolengo y personas identificadas con la doctrina conservadora, evitando con ellos importantes fluctuaciones electorales.

Actualmente, el PAN tiene un total de 283 mil 205 militantes, según su padrón oficial, todos ellos soldados comprometidos con la doctrina del partido, con su origen, dispuestos a operar sin la expectativa de recibir algún bien o una candidatura, como sí ocurre en otros partidos. A pesar de sus derrotas electorales de 2018 y las de 2019, las estructuras electorales del PAN se mantienen, ahí están, en Baja California, Coahuila, Colima, Guanajuato, Jalisco, Querétaro, Nuevo León, Oaxaca, San Luis Potosí, Sonora, Tamaulipas, Veracruz y Yucatán. El liderazgo de Marko Cortés ha preferido prescindir de su fuerza territorial y mantiene un constante monólogo que parece no llevarlo a ningún lado. Su irrelevancia es de tal magnitud que el presidente López Obrador lo ignora olímpicamente.

Marko Cortés, debería poner acento en temas como el asesinato de Rafael Moreno Valle y su esposa, Martha Erika Alonso quien había sido electa gobernadora de Puebla, o en otros tópicos como el desmantelamiento de las instituciones, la desaparición del CONEVAL, el programa de apoyo para generar empleos en países como Honduras, El Salvador, Guatemala y otros de Centroamérica, a los que el presidente AMLO a través de Marcelo Ebrard, ha destinado cantidades de dinero nunca antes vistas. En lugar de eso ha omitido investigar la fortuna de políticos panistas como Francisco “Kiko” Vega de Lamadrid, quien a todas luces pactó inmunidad con Morena en Baja California. Marko Cortés ha manifestado estar en contra de la Ley Bonilla, sin embargo, como presidente de su partido no le ha exigido a su gobernador que haga lo concerniente para combatir dicha maniobra y que se proceda a los recursos de inconstitucionalidad. ¿De qué lado está el presidente nacional del PAN?

El 25 de agosto de 2018, Margarita Zavala y Felipe Calderón anunciaron la creación de la asociación civil “Libertad y Responsabilidad Democrática” que a su vez busca convertirse en “Partido México Libre”, con el objetivo, dijeron, de hacer oposición al gobierno de Andrés Manuel López Obrador. El ex presidente de extracción panista es de los pocos políticos que ha soportado el linchamiento del presidente AMLO y sus seguidores, y lejos de callarse le ha respondido con firmeza. Nos guste o no, Felipe Calderón, hasta ahora, es de los pocos que no ha cedido a la estrategia de Andrés Manuel, que consiste en descalificar y golpear duramente a sus adversarios para neutralizarlos, sacarlos de la jugada y ser sujeto de todo tipo de burlas de parte de sus seguidores. Calderón no se ha achicado a pesar de todos los negativos que carga luego de encabezar una presidencia que dejó sangre y miles de muertos por la guerra contra el crimen organizado.

En enero de 2019, el ex presidente y su esposa, solicitaron ante el INE el registro del “Partido México Libre”. Los Calderón Zavala podrían convertirse en la esperanza de esos miles de militantes, quienes no se identifican con la forma en la que Marko Cortés “dirige” el partido; podrían, siempre y cuando asimilen que la fuerza del partido radica ahí: en el territorio, ese espacio descuidado por la dirigencia nacional. La oportunidad para posicionarse y llenar el hueco que está dejando el PAN con su extravío es más que clara para la ex pareja presidencial. ¿La tomarán?

Lo mejor que le podría pasar al PAN es que Marko Cortés sea sustituido, quizá es hora de que los anayistas suelten el control de un partido al que sólo han le han hecho daño. Es probable que alguna de las corrientes que sobrevive al interior pueda rescatarlo y recuperar el sentido de oposición que tanta falta le hace a este país. Sin el PAN, no existen muchas posibilidades de contrapeso al gobierno federal, y los hechos parecen llevarnos a un aterrador escenario de centralismo en el que nadie cuestiona, en el que todos guardan silencio. El PAN nació en 1939 como alternativa en un escenario de partido hegemónico, y fue tomando el lugar de oposición, durante 50 años, hasta antes de que naciera el PRD. Ganó su primera gubernatura en 1989, precisamente Baja California con Ernesto Ruffo Appel, ha ganado dos veces la presidencia de la República y hoy es la segunda fuerza política del país. Su origen es distinto a otros que nacieron por y para las masas. La democracia requiere de contrapesos y el PAN históricamente ha sido uno de ellos. Marko Cortés parece no tener claro todo lo que su partido representa, no conocer su historia, su origen, el poder de su militancia.

¿De qué lado juega Marko Cortés? La pregunta sigue en el aire.

[1] Doctora en Ciencias Sociales y Humanidades por la UAM-Cuajimalpa

 

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