Institucionalizar MORENA

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Por: Rita Balderas[1]

Recientemente, la secretaria general de Morena, Yeidckol Polevnsky comentó al semanario Proceso que el reto actual es institucionalizar el partido. De ser así, la morenista debe tener presente renunciar a su aspiración de ser candidata a la dirigencia nacional, pues esto garantizaría la renovación de la élite de la organización, un elemento fundamental cuando se habla de institucionalización partidista.

Polevnsky también comentó a la prensa que, se harán los ajustes necesarios para que el nuevo dirigente de Morena pueda ser electo mediante una encuesta, como lo sugirió el presidente AMLO. Esto sería ir en contrasentido a la institucionalización del partido, pues el proceso implica disociar por completo al jefe del ejecutivo de la toma de decisiones de la organización.

¿A qué se refieren cuando hablan de institucionalizar Morena? ¿Qué es y para qué sirve la institucionalización de un partido político?

De acuerdo con diversos estudios, el término “institucionalización” es el proceso mediante el cual el partido incorpora: valores, procedimientos y reglas, y en donde éstas son legitimadas y consensadas por todos los integrantes de la organización. Los mecanismos de selección de candidatos, dirigentes y otras autoridades del partido se vuelven procesos rutinarios y pacíficos. Las reglas son claras, aceptadas y ejecutadas por todos e incluyen un sistema de méritos que reemplazan al favoritismo y al nepotismo. Así, el partido, evita caer en la complejidad, en la incertidumbre y sobre todo, en la improvisación.

El efecto que tiene la institucionalización en un partido político es que lo vuelve estable y con mayor capacidad para adaptarse a contextos adversos y competitivos.

Según las teorías de la institucionalización, este proceso debe incluir tres aspectos clave:

  • Los líderes deben ser reclutados de la misma organización, ser visibles y contar con una imagen respetable;
  • Al interior del partido debe haber claridad en la división del trabajo y roles específicos, además se debe contar con reglas y mecanismos claros, en letra escrita;
  • Se deben tener criterios universalistas y evitar métodos discrecionales para la toma de decisiones.

Yeidkcol Polevnsky llegó a la Secretaría General de Morena en diciembre de 2017, es decir, hace casi 2 años, y es hasta ahora que empieza a preocuparse por la institucionalización del partido. ¿En realidad lo que le interesa es asegurarse una posición de poder?

La actual secretaria general del partido acusó el pasado 30 de septiembre, a Gabriel García Hernández, coordinador de los superdelegados federales, y principal operador financiero del partido, de entregar un padrón de militantes “manoseado” y “cero confiable”. No obstante, todo indica que este el golpe mediático contra Gabriel es porque él estaría apoyando a Bertha Luján para la dirigencia nacional.

Por otro lado, el método de encuesta podría no favorecer a Polevnsky, sino a Bertha Luján quien, aunque es menos conocida por la militancia, cuenta con el apoyo de importantes operadores, como José Ramón López Beltrán, hijo mayor de López Obrador. ¿Entonces por qué y para qué Yeidckol ha decidido apoyar la propuesta del presidente? ¿Tiene un plan B, intenta ganar tiempo, no quiere que AMLO la deje fuera de la jugada?

El ejecutivo no debe ser un referente para establecer los mecanismos de selección de los dirigentes de Morena, ni de ningún cargo a puesto de elección popular. El hecho de recuperar sus ideas, sólo pone en evidencia que el partido está sumido en la improvisación y en la incertidumbre.

Faltan unas semanas para que Morena elija a quien será su próximo dirigente nacional, y su primer tarea será llevar al partido al proceso electoral de 2021, una batalla que abre dos escenarios: a) La oposición vulnera la fortaleza de Morena y lo manda a la segunda posición electoral; b) El partido de AMLO logra consolidarse electoralmente y demostrar que llegó para quedarse.

Habrá que ver si Polevnsky encamina sus esfuerzos para institucionalizar un partido que provea de certidumbre y de prácticas claras y transparentes, o si será otra gran decepción, en especial, para aquellos electores que han depositado su confianza en esta opción política.

Hasta ahora todo parece llevarnos a pensar que Morena es una versión del viejo PRI, en el que el jefe de estado también era el jefe de partido, y en el que nadie y nada se movía sin la aprobación del presidente.

Esta es la oportunidad de Yeidckol, la moneda está en el aire.

 

 

[1] Doctora en Ciencias Sociales y Humanidades por la UAM-Cuajimalpa.

 

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